Designed by the author. Published in 2017 by Libros AC, Santurce, Puerto Rico, 92 pages. Printed by BiblioGráficas, Hato Rey, Puerto Rico. The cover image is a photograph taken by María Eugenia Sandín, Argentina, of the interior of an origami folding.

 

Selección de POEMAS

 

 

        POETRY

Poetry is not
what you think.
 

 

        SONNET FOR STEVENS

The setting sun behind a stand of elm
in late November is a sobering sight,
and doesn’t need a flock in raucous flight
of blackbirds, night in tow, to overwhelm.

The blazing sun is blinding, but not warm,
and blares its fiery fanfare without sound.
It doesn’t need those cawing westward-bound
blackbirds towing the night to outperform.

There’s intimation here of death and hell
where the condemned atone in monotones.
I feel it in the dryness of my bones
still camouflaged by flesh I once knew well.

Breeder of blackbirds, listen to their cries.
Tomorrow they’ll be back to peck your eyes.
 

 

        BARE BONES

I remove my coat and tie,
drop on the bureau coins and keys,
start to undress . . .

“You have become your father,”
whispers the voice inside my head.

This truth,
still new and unbelieved,
flashes through me like X-rays
that on a film would show
how like my father I have always been.
 

 

        POSTER GIRL

What has she going for her but her youth,
and that she’s not too fat and doesn’t slouch.
But homely features and her empty face
will faithfully appear in photographs.
Her cellphone jutting from a tight back pocket
of her jean shorts, her midriff in the breeze,
her navel ringed, tattoos on calf and shoulder,
working her chewing gum, she walks with flip-flops
through the wide halls of this loud shopping mall.
She is her generation’s poster girl,
future mother of mankind. Hail to her!
 

 

        SOME THINGS NEVER CHANGE
                                                              (for Arturo, then)

He always acted twice his age. At ten
he smoked and drank, wore wing-tip shoes, and when
he “borrowed” Grandpa’s Buick for a spin
he’d pull a panama over his brow
and wear burnt cork upon his lip and chin.

I close my eyes and clearly see him now.
He’d visit the casinos at fifteen,
shoot craps, and when he won we’d go
up to the penthouse bar to celebrate
and gaze upon the city lights below.
Third drink in hand he’d look at me and say,
“We are the two best poets of our day.”
And I believed it, only for the while
we drank the Alexanders. He had style
at times worn thin but never lost. He was
my friend, we shared the light, the high,
the knowledge of the meaning and the sound,
the feeling that as poets we could fly
when common people barely left the ground.
I loved him. I still love him. He’s alive
and forty-five, but now we hardly talk,
and yet I feel our friendship is a rock.
Don’t see him much, but now I understand
the irony of Fate’s uneven hand.
He always acted twice his age, today
he’s forty years my elder if a day.
And it seems somewhat comic, very strange,
but mostly sad that some things never change.
 

 

        THE EMPTY SKY

He sleeps against closed doors. He roams the streets
among the passers-by he never meets.

They hurry on pretending he’s not there
but he recaptures their avoiding stare.

Some drop a coin into his grimy hand,
walk on relieved of charity’s demand.

But he remains a thing of ugliness:
a garbage heap, an accident, a mess

immovable by broom, by hose, by spade. . .
He beds at dusk inside a fetid shade.

He carries little hopes in plastic bags
and in the hidden reaches of his rags:

spoiled fruit, cheap rum, a cigar butt, stale bread
to make his day before he leans his head

against the stone. He stares as we walk by,
in love and holding hands beneath the sky.
 

 

        WIND

If I could see the wind
            that moves the leaves and branches
                        of this sheltering tree,
I’d be a lesser god and would not marvel
            at the invisible presence.
But I’m just a poet, a child of the weather,
            surrounded by wind,
                    cradled in mystery,
                                always expectant.
 

 

        CUPID’S QUARRY

The shaft, stuck deep,
shifted inside the bleeding hole.
For days he tried to pull it out
wrench it loose
return to his unwounded self.

The arrow held,
and when he moved the razor tip
pierced deeper,
finally skewering his heart.
 

 

        WHAT’S IN A SHIRT
 

Once I felt handsome in this shirt.
The first time I wore it
we went to a party at the rich man’s house
and for an evening shared the opulence.
 

Beautifully uniformed waiters
served us food, brought us drinks.
We ate and drank exquisitely;
talked and walked in dreamy splendor.
 

Slightly drunk, I sat at the piano;
almost everyone gathered around,
listened and clapped after every song.
Your eyes gleamed with pride and love and wine.
That night you stayed and we made love.
 

Today the shirt is worn and shabby,
only fit for menial chores.
I wear it around the house and remember
when you were living and I felt handsome.
 


 

Hjalmar Flax:
 

SONETOS (2ª edición revisada) y FIFTY-ODD POEMS

 

Presentación de Mercedes López-Baralt

Librería Libros AC, Santurce

jueves 2 de junio de 2017

 

            Muy buenas noches a todos. Es obvio que muchos de los aquí reunidos conocemos al poeta que celebramos hoy, por lo que seré breve al presentarlo, para poner el acento en sus dos libros que acaban de ver la luz. Pero sí debo empezar recordando algo que lo caracteriza: su trabajo sin pausa, que tras los nueve libros incluidos en su Obra breve del 2009 (evidentemente el título no es exacto), ha producido Mientras tanto, Sonetos y Penultimátum. Hoy nos ofrece una versión renovada de sus Sonetos, y un libro inédito, en inglés: Fifty-Odd Poems. Lo que me hace recordar una anécdota que quiero compartir con ustedes. Hace años, cambiando canales en la tele, me topé con una entrevista que le estaban haciendo a un gran amigo, el distinguido psiquiatra puertorriqueño Efrén Ramírez. Y cogí el programa justo en el momento en que el entrevistador le hacía la gran pregunta de la noche: "¿Qué es la salud mental?" Sin pestañear, Efrén contestó: "La salud mental es tener proyectos". Respuesta inmejorable, porque un proyecto constituye una declaración jurada de fe en el futuro. Lo que refuta el famoso refrán "De poetas y locos todos tenemos un poco", que propone la equivalencia entre poesía y locura. Porque la sabia sentencia de Efrén Ramírez proteje a los poetas prolíficos. ¡Te salvaste, Hjalmar! Yo, de paso, alegremente cojo pon contigo, porque tan tan como tan tan en cuanto a no parar de escribir.

            Ya con carnet de cuerdos los dos, practiquemos un ratito la solemnidad. Y es que estamos hablando de un poeta que ya ha accedido al canon en nuestro país. El laureado poeta mexicano Hugo Gutiérrez Vega celebra en este poeta “complicadamente sencillo”, su “paciente antirretórica” y la melancolía de su humorismo. Nuestro cronista mayor, el novelista Edgardo Rodríguez Juliá, afirma que “Hjalmar Flax inaugura senderos por bosques ya explorados; ¿qué más se le puede pedir a la buena literatura?”. También dice que si el neorromanticismo de Neruda concibió la poesía como mural, el intimismo de Hjalmar la concibe "como miniatura que nos revela la infinita extrañeza del mundo”. Para el ensayista Julio Marzán, en sus versos escuchamos “la voz del Macho Camacho ya cansado de tocar su guaracha y luego de varias sesiones de sicoterapia”. Por su parte, el poeta José Luis Vega señala: “En el centro de la escritura irónica de Hjalmar Flax se instala la sospecha, la imposibilidad de creer, sin más, en las fábulas del mundo Así, sin ilusiones y sin consolaciones mayores, el poeta urde su respuesta ética ante la opacidad de un mundo que no tiene otra esperanza que la que pueda nacer de la propia imperfección Ante tal desligamiento, Hjalmar hace del lenguaje su patria fundamental. Allí se instala y ampara. En sus versos hallamos el más agudo conceptismo de la poesía puertorriqueña”. Y la crítica literaria Carmen Dolores Hernández afirma que este poeta lúcido y  lúdico ha llegado a una cima que solo alcanzan los pocos que se han entregado de lleno a tan exigente oficio.

            Por mi parte, puedo decir que llevo conversando, por más de cinco décadas y desde antes de la publicación de su primer libro, con los versos de Hjalmar  Flax. Desde que nos deslumbró a mi hermana Luce y a mí, en aquellas tertulias de nuestros años universitarios en la calle Alhambra de Hato Rey, tanto desde el teclado (había compuesto una melodía misteriosa, encantatoria) como desde la palabra, con un conmovedor poema de ecos darianos, que comenzaba: "He aquí lo fatal". Para nuestra desgracia, la melodía y el poema ya sueñan en el pozo del olvido. Pero sirvieron como heraldos de lo que comenzaría poco después. Desde entonces mi admiración por su obra me ha convertido en madrina sucesiva de sus libros: he presentado Abrazos partidos y Contraocaso, y prologado Obra breve. Me honra mucho, pues, presentar ahora sus dos libros más recientes; ¡Dios me libre de decir: "sus últimos libros"! Porque se trata de ponerle el cherry a un cóctel de solera.

            Exitoso atentado contra la solemnidad, la poesía de Hjalmar Flax ha oscilado, desde sus comienzos, entre polarizaciones y contrastes. Oscilaciones, tanto de tema como de tono, que son tan solo una manifestación de su amplio registro. Pues en ella conviven el poeta huérfano que añora el amor materno; el poeta amoroso; el poeta solitario, misántropo; el poeta voyeur, que asedia con su mirada a cuanta buena hembra cruza su camino; el poeta crítico de la historia, tanto colonial como global; el poeta autorreferencial, que piensa en verso su oficio; el poeta que le canta con ironía - tantas veces melancólica, otras, jocosa – al proceso de envejecer; y el místico de la belleza. Sonetista, versolibrista, autor de haikús, lírico, conversacional, exquisito y procaz, Hjalmar Flax es un poeta múltiple. Multiplicidad que se proyecta en su sorprendente, autoparódico y multifacetado sujeto lírico: huérfano, solitario, melancólico, culto, reflexivo, rebelde, poeta, voyeur, depredador, blasfemo, sensual, misántropo, cínico, gruñón, descarado, zafio y a la vez delicadísimo. El poeta, escatimando alardes, resume en un soneto de Abrazos partidos el milagro de su poesía: “Pizca de inspiración, tonel de oficio”. Por cierto, que todo lo antedicho lo podemos constatar en los libros que presentamos hoy.

             Vamos a ellos. La versión revisada y ampliada de Sonetos constituye una lección sobre esta forma poética que ingresó en el canon de la mano de Dante, Petrarca y los poetas del Siglo de Oro, y contiene un apéndice muy útil que explica su origen y sus variantes. Se trata de una forma métrica que entrena al poeta tanto en la contención poética, ya que la economía de palabras abona a la intensidad, como en el dominio del ritmo, gracias a la regularidad de su estructura métrica y acentual. Ramón Sijé, el famoso amigo de Miguel Hernández, lo nombró en los años treinta de dos maneras, una despectiva y otra admirativa: "la cárcel del soneto" (porque constriñe) y "el sagrario del soneto" (porque alberga el pan bendito de la poesía). De ahí que el versolibrismo resulte su contrario, y en el caso de un Neruda, sirva para expresar el estallido de la pasión torrencial. En el de Hjalmar, para conversar con el lector y consigo mismo, como lo diría Antonio Machado en una frase que sirve de epígrafe a uno de los Fifty-Odd Poems: "Converso con el hombre que siempre va conmigo". El libro de sonetos cubre una amplia gama de los temas de Hjalmar: la orfandad, el desamor, la ausencia, el recuerdo, la soledad, la vejez, la muerte, el cachondeo erótico que nunca falta, la ciudad de San Juan, las desgracias patrias, el ateísmo blasfemo y como ñapa, un homenaje al Café Rubén, donde almuerza en compañía de sus amigos; versión posmoderna de lo que para Lorca fue su "Rinconcillo" de tertulias en el Café Alameda de Granada, hoy abierto bajo un nombre que no se merece: "Chikito".

            Por su parte, Fifty-Odd Poems nos revela la mitad sajona del poeta, ya anunciada en algunos poemas previos. Se trata de un homenaje a su padre, el Dr. Herman Jacob Flax, distinguido médico de Virginia que casó con la doctora puertorriqueña Josefina Guarch, fundó familia y ejerció su profesión en Puerto Rico durante décadas. También nos revela que el poeta puede ser el mismo en dos voces, y que en inglés fluye con certeza, elegancia y su acostumbrada picardía. Para muestra un botón; un poema muy hermoso, titulado "Wind", sobre el misterio que detona la poesía:

If I could see the wind

                that moves the leaves and branches

                                   of this sheltering tree,

I'd be a lesser god and would not marvel

                at the invisible presence.

But I'm just a poet, a child of the weather,

                surrounded by wind,

                                    cradled in mystery,

                                                always expectant."

 

            Aunque el poeta reincide en sus temas, entre ellos el homenaje a a sus progenitores, la tradición poética que lo cobija en este libro ya es otra; de manera que el lector asistirá a un diálogo con Robert Browning, Waldo Emerson, Wallace Stevens, Emily Dickinson y Ogden Nash... entremezclados con Palés, Machado, Jorge Manrique, Heráclito y Rilke.

            Aunque distintos, los libros que nos ocupan comparten la soledad que el poeta lleva tatuada en la piel. En Fifty-Odd Poems dirá: "I talk to me and sometimes find a poem", o describirá la poesía como "the secret life left to its lonely self"; en Sonetos empleará como epígrafe a uno de sus poemas los versos de Lope: "A mis soledades voy,/de mis soledades vengo,/porque para andar conmigo/me bastan mis pensamientos". Y también reafirmará su esencia solitaria en el poema "La noria":

Merodea un poema, lo presiento.

Me inquieta el corazón, tienta el oído:

arpegio trunco, acorde indefinido...

insinuaciones del rumor del viento...

 

Necesito quietud, apartamiento,

deambular desnudo hacia el olvido,

sordo, ciego, inatento a lo vivido,

expuesto el hueso del entendimiento.

 

Pero es la misma pena que disfraza

su mismidad con vívidos matices

para engañarme. Pero al fin fracasa

 

porque sin el disfraz y en tonos grises,

trovando su agobiante barcarola,

surge mi soledad bogando sola.

            Pese a camuflarse tantas veces bajo su procacidad y su humor negro, Hjalmar comparte el rasgo diagnóstico del romanticismo: la soledad, debida al choque entre el yo poético y el mundo. "Ser romántico - lo dice Guillermo Díaz Plaja - es sentirse aparte de la vida normal y suspirar por ella, sin desearla en el fondo". Es el caso de tantos poetas que proponen la ecuación soledad/poesía, como el mismo Lope, siendo un prerromántico. Pedro Salinas afirma que el milagro de la soledad está en que se trueca, por la fuerza de su presencia, en una compañía. Plasmada en la palabra. De ahí que Luis Cernuda convierta al custodio del faro en el epítome de la soledad, y que en su poema "Soliloquio del farero", se pregunte: "¿Cómo llenarte, soledad,/sino contigo misma?" Ya desde 1816 el inglés Shelley había asediado esta paradoja, desde que confiesa que en Alastor, the Spirit of Solitude, late la inspiración de su poesía. Allan Poe, por su parte, en su poema "Alone", de 1829, se ufana de una soledad que lo aparta del mundo y lo vuelve poeta. Antonio Machado no duda en celebrarla: "¡Oh soledad, mi sola compañía,/oh musa del portento, que el vocablo/diste a mi voz que nunca te pedía!,/responde a mi pregunta: ¿Con quién hablo?". Y en Muerte sin fin el mexicano José Gorostiza tiene unos versos elocuentes al respecto: "¡Oh INTELIGENCIA, soledad en llamas,/que todo lo concibe sin crearlo!". El puertorriqueño Luis Palés Matos no se quedó atrás, cuando en "El llamado" explicó la ecuación soledad/poesía con un lirismo insuperable: "¡Oh soledad, que a fuerza de andar sola/se siente de sí misma compañera!".

            Es evidente que Hjalmar Flax se inserta en esta tradición de solera. Y, como fiel postromántica que soy, esto es lo que más me interesa de su poesía. Porque produce poemas melancólicos memorables. Quisiera terminar leyendo tres, en los que la soledad asume distintos nombres: ausencia, desamor, sufrimiento. En primer lugar, "Octubre", dedicado a la ausencia:

A mi lado la silla está vacía,

vacío el corazón de ausencia lleno:

su ausencia palpitante, mi veneno,

veneno de mi noche y de mi día.

 

Cuánta felicidad, cuánta alegría

en la esperanza caben. Cuán sereno

pasaba por la vida. Cuán ajeno

este vacío entonces parecía.

 

Fiel amiga de duros entendidos

mi soledad bromista, al conocerla,

todo su espacio le cedió. Al perderla

 

los vívidos recuerdos revividos

no me dejan vivir. Y vivo a ultranza,

sin amor, sin humor, sin esperanza.

En segundo lugar, "Plaisir d'amour", sobre el desamor: 

Si aún llega su belleza y su dulzura

desde el pasado hasta mi pensamiento,

si aún evoco su olor, su movimiento,

y de su voz la clara tesitura...

 

Si a pesar de la vida, de la cura

que el tiempo presupone aún la siento,

y el corazón transita, tiento a tiento,

ciego de ausencia, sordo de amargura...

 

 

¿Valdrá la euforia del amor la inmensa

pena de amor cuando el amor termina

y ese otro amor, el desamor, comienza?

 

Responderé mañana, que hoy preciso

volver a recordar el paraíso

perdido en el desierto de su ruina.

Y en tercer lugar, un poema sobre la impotencia de la poesía para paliar el sufrimiento que causa la soledad. Se titula precisamente "Arte inútil": 

Todo está dicho en este libro, todo,

pero de nade vale, si aún no cesa

de amarla y desearla, si interesa

encontrarle a sus vidas acomodo.

 

Vivo está su retrato en un recodo

de su mente y, no obstante la tristeza

de años que no la abraza ni la besa,

su corazón la aguarda de igual modo.

 

No empece el prolongado sufrimiento,

las cenas solitarias, la ancha cama,

su corazón, alegre, la reclama

 

inexplicablemente, fatalmente,

con el abrumador presentimiento

de que lo hará pedazos nuevamente.

 

 ¡Enhorabuena, Hjalmar!

 

 


 

Reseña de: FIFTY-ODD POEMS

San Juan: Libros AC, 2017

 

            50 EN “EL DIFÍCIL

 

Por: Carmen Dolores Hernández

 

            No es frecuente que un poeta escriba en más de un idioma. En este libro, sin embargo, cuyo título es un juego de palabras (“fifty-odd” se traduce como “alrededor de 50” o como “50 poemas raros”), Hjalmar Flax prueba su pericia poética en “el difícil”. Los poemas van de lo lírico (“If I could see the wind/ that moves the leaves and branches of this sheltering tree,/ I’d be a lesser god and would not marvel/ at the invisible presence./ But I’m just a poet, a child of the weather,/ surrounded by wind, / cradled in mystery,/ always expectant”) a lo retante y juguetón (“He conquered./ He came. /He saw.///He left on tip-toes.”).

            Es evidente que conoce la tradición poética de lengua inglesa, sobre todo la modernista (que no se corresponde con el modernismo rubendariano en lengua española) y el movimiento imaginista (“imagism”) que abogaba por el verso libre, el habla cotidiana y sencilla y la creación de imágenes fuertes y gráficas además de darle cabida en la poesía a todo tipo de temas.

            La originalidad apabullante que representó la poesía de Hjalmar Flax en nuestra literatura reside, en gran medida, en su acceso a esa otra tradición no muy conocida entre nosotros y menos aún practicada.

            Organizado el poemario en 5 partes con cierta unidad temática o estilística, la titulada “Snapshots and Selfies” concentra en descripciones de personas (o de sí mismo). El poema “Voyeurs”, extraordinario, dedicado a David Ignatow, poeta estadounidense de estilo sencillo y directo y abundantes referencias a la vida diaria, refleja la permanencia del amor y la poesía frente a la edad y la decrepitud: “His poet voice soared clear and strong,/ moving and ageless like his poems”.

            La sección “Wind and Leaf” gira en torno a la poesía misma. El primer poema, de corte epigramático (“Poetry is not/ what you think”) provoca una reflexión divertida en el lector, con su rejuego conceptual y verbal.  Otro, titulado “Critique”, va al meollo de la experiencia poética: “A poem is exquisite mnemotechnics/ with well timed pyrotechnics/ that wrenches from the reader’s secret heart/ memories, feelings, forgotten or repressed,/ sometimes reburied under tons of thought.” 

            Los poemas más juguetones -y feroces- se agrupan en la sección “Think of a River”, que empieza recordándonos a los Beatles (“When I’m Sixty-four”). Dice: “If I am blue/ at fifty-two,/ how shall I be/ at sixty-three?/ Shall I want more/ at seventy-four,/ or be alive/ at eighty-five?”. El hermoso “Sonnet for Stevens” responde, en las descripciones y la temática, al famoso “Thirteen Ways of Looking at a Blackbird” del estadounidense Wallace Stevens.

            El poema “San Juan” de esta sección tiene dos partes diferenciadas: la primera, admirativa y delicada, recuerda a Carl Sandburg ( “The fog comes in on little cat feet...): “The rain like a slow broom/ moves over the city/ sweeping it clean/ making it glisten/ muffling sounds”). La segunda es feroz: “except the tat-tat   tat-tat-tat/ of a Vityaz or an Uzi/ that brings you/ automatically/ down and dirty/ to reality”.

            Muchos poemas de la sección “Leisure” son juegos conceptuales y de palabras. Lúdicos, concisos, incisivos, dependen de sonoridades rítmicas y malabarismos del ingenio, como “To a Balding Gentleman”: “If losing hair you deem your fate/ let me allay your fears;/ when you no longer comb your pate/ you have to shave your ears.” Este poema -y los demás- revelan una gran capacidad para captar la vitalidad de la poesía en lengua inglesa.

 

 

Carmen Dolores Hernández

San Juan, Puerto Rico

2 de julio de 2017